Sobre mí – Consultor SEO con foco en crecimiento de negocio

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Puentes

Una historia de una ida y una vuelta en la que confieso un grave error y comparto algunas pinceladas de lo vivido.

Volver a casa después de viajar como nómada digital por el mundo te cambia la mirada.

Trabajar en webs me ha servido para vivir. Para poder subir Los Andes, navegar la Amazonía y bañarme en el Caribe. Para aprender que lo que realmente importa son las personas que las hacen posibles y las usan.

Uno de los proyectos que más me ha marcado fue ayudar a una tienda de routers a convertirse en el referente del hardware de red en Ecuador. Más allá de las métricas, lo bonito fue ver cómo ese crecimiento se traducía no tanto en más dinero, sino en un equipo más grande y con más oportunidades.

En el camino entendí mis errores, entendí que la persona más autónoma, decidida e independiente, por sí sola, no basta.

Pero me estoy adelantando y prefiero hacer lo contrario, un flashback a mi odisea previa por la Gran Bretaña, porque me abrió la puerta a algo que no suele aparecer en los checklists: las relaciones públicas internacionales. Y es que, en aquella arcoírica ciudad de Escocia que es Dundee, me dediqué justo a eso. Un poco por accidente, un poco por mi grado en comunicación, terminé de cara al público asesorando a alumnos internacionales que se apuntaban a cursos extraescolares del College.

Así presencié diferencias culturales desde los gestos más simples, como el de los hindúes para decir que sí, oscilando lateralmente la cabeza, hasta proezas de honor estilo Highlands, como entregar un fajo de 300 libras encontrado en el parking para que lo recuperara su verdadero dueño.

Gracias a aquellos 3 años relacionándome con todo tipo de gentes y acostumbrado a lluvia, viento y nieve nunca vistos en mi Región de Murcia; subiendo munros y explorando glens and lochs, fue que me envalentoné a cruzar los mares hasta América Latina, cual pirata intrépido pero un poco ingenuo en busca de riquezas vanas y ávido de glorias que contar.

Aterricé en Caracas, trabajé en Barquisimeto para poder pasarme de vez en cuando por el Caribe, me asenté en San Juan de Pasto y terminé quieto en Quito.

Allá fue que, en un largo trekking de Lloa a Mindo, del bosque nublado andino al bosque tropical, cruzando ríos con tirolina o con meros troncos a modo de “puente”, me crucé con un grupo variopinto de personas: locales, turistas, becas de cooperación entre universidades, migrantes y nómadas digitales.

Por aquel entonces me ganaba la vida escribiendo CSS como si no hubiera futuro frente a una minilaptop de 11 pulgadas; hacía auditorías de comunicación y transformación digital. Recetaba webs, blogs, redes sociales, tiendas onlines y aulas virtuales según necesitaran mis clientes, que iban desde la señora indígena que regentaba una floristería hasta el Ministerio del Ambiente.

Y pasó que volví a España, estudié SEO avanzado en Webpositer e hice mis prácticas remoto en una empresa de hardware de red.

Viniendo de estos cónclaves de gentes de todo lado, me resultó natural conseguir enlaces con fabricantes internacionales de países tan variados como USA, China, Letonia, India y México. Pero, más que los enlaces y las menciones, me quedo con la sensación de haber conectado culturas y equipos, de haber forjado alianzas y amistades.

Comparto todo esto porque me interesa hablar de la aventura del proceso.

De equivocarme.
De adaptación.
De pasar toda tu vida aprendiendo de otras personas.

Sigo teniendo la misma curiosidad y deleite por lo inesperado que cuando empecé, pero con más contexto y más respeto por el impacto que nuestro trabajo tiene en las personas.

Que un negocio crezca y contrate supone que más familias coman.

Si algo he aprendido en estos años es que crecer no va solo de escalar ventas, sino de rodearte de gente que te obligue a pensar mejor y a cruzar los ríos que nos separan improvisando puentes de todo tipo.

Y en eso estoy.
Gracias por leer.

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